QUE NINGÚN DEDO TE TAPE EL SOL. Concierto- recital

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QUE NINGÚN DEDO TE TAPE EL SOL

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QUE NINGÚN DEDO TE TAPE EL SOL

Quien escribirá versos en tus ojos cuando la noche cierre sus pestañas?
Uncida al miedo, pintas mariposas en el paladar de los estanques.
Encallas en el patio de la luna y un mar de piedras juega con tus alas.

Nunca el tiempo escaló por tus deseos como la impotencia por tus manos.
Inventas paraísos alquilados mientras el corazón se escurre por el fregadero.
Navegas por cielos de amargura que pacen en los hangares de tus venas.
Guardando, celosamente, ese tren de pan y besos que suture tu desdicha.
Un caballo, desbocado, galopa por sus hombros, amarrados a la espera.
No hay tiempo para desandar la vida cuando el sol retoza entre nubes de cemento.

Danza el sufrimiento en tus neuronas mientras el cielo camina cuesta abajo.
Embriagada por la duda, la esperanza, taciturna, ondea en el exilio.
¿Dónde escondes el peso de la culpa que navega, boquiabierta, por tu espalda?
Olvidas la verdad que te devora y te eriges en piedra del paisaje.

Tuneas las razones de tu vida que se escapan, como plumas, de tus manos.
En el ocaso de tus ojos, ebrios de soledad, cabalga el sol en bicicleta.

Te abrazas a la tierra que te vio nacer para morir entre sus besos.
Asumiendo el amargo sabor de la rutina, el llanto acaricia la nieve bajo el sol.
Peina versos la locura ante el huracán desatado en el cielo que la mira.
Enferma la razón mientras el tiempo juega al escondite con la vida.

En el lienzo de la noche, dos luceros, disidentes, van pintando la mañana.
Llueve y en el mar de golondrinas, pegadas a tu boca, acecha el desaliento.

Susurra, desangrado, el corazón, en las esquinas de una cama.
Oculto, tras el miedo, el dolor huele a canción, idioma, poesía.
La tristeza rezuma en tus pupilas e invade la ceguera de las mías.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL AZUL GANA

 

 

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EL AZUL GANA
SARACHO
Dice un proverbio moro que aquel que no viaja no conoce el valor de los hombres y lo secunda San Agustín al afirmar que el mundo es un libro y aquellos que permanecen en un mismo lugar solo leen la primera página.
Ángel Hurtado de Saracho, viajero incansable y buen conocedor de su oficio, en su exposición, EL AZUL GANA, transita por lugares, ambientes y personas y se impregna de su magia para ponerla ante nuestros ojos a través de su lenguaje pictórico, un lenguaje figurativo que juega con la abstracción.
Viajar es una brutalidad, afirmaba Cesare Pavese. Te obliga a confiar en extraños y a perder de vista todo lo que te resulta familiar y confortable de tus amigos y tu casa. Estás todo el tiempo en desequilibrio. Nada es tuyo excepto lo más esencial: el aire, las horas de descanso, los sueños, el mar, el cielo; todas aquellas cosas que tienden hacia lo eterno o hacia lo que imaginamos como tal. Y esto es lo que se respira en los cuadros de Saracho: un juego de luces y colores con los que recoge instantes vividos a través de una mirada siempre en guardia, presta a esa luz que se deja caer en el gesto de un hombre cualquiera en cada uno de sus días. Son pinceladas seguras y concisas que discurren por el cuadro dando vida y movimiento, sugiriendo, implicando al espectador para que se acerque a la obra y descubra que toda la escena, incluidos los personajes, no son más que manchas certeras y bien conjugadas con las que el pintor ha parido una obra vitalista y seductora. Capas de color que se superponen, juegos de planos en temas urbanos y paisaje, brochazos cromáticos aderezados por un buen conocimiento técnico, gestos detenidos en un instante, personajes con los que nos cruzamos a diario y una extraordinaria sensibilidad donde emana la alegría de vivir, ponen de manifiesto nuestro paso por la vida como una película ya rodada, donde el deambular, que diría Anatole France, re-establece la armonía original que alguna vez existió entre el hombre y el Universo.
. EL AZUL GANA se revela como una belleza efímera, rescatada de la vida cotidiana. Una visión que el artista recrea para nosotros a fin de evidenciar, con una pincelada limpia, corta, rápida, llena de luz y color, cuanta belleza tenemos ante nuestros ojos.“Vivimos en un mundo maravilloso que está lleno de belleza, encanto y aventura. No hay un límite para las aventuras que podemos tener siempre y cuando las busquemos con los ojos bien abiertos”. Jawaharial Nehru
Toda la obra de Saracho es una continua investigación sobre la luz y el color en la que, partiendo de un trabajo riguroso, quiere alcanzar lo máximo con lo mínimo. Ese esquematismo gestual que le caracteriza, así como los barridos de color en sus paisajes urbanos, que semejan acuarela, le traducen en un hombre inquieto y en un artista que está siempre en continua evolución, un hombre que no deja de viajar en el arte para dar lo mejor de sí mismo. “Y es que viajar es más que ver lo que hay para ver; es iniciar un cambio en nuestras ideas sobre lo que es vivir que continúa en nosotros de manera profunda y permanente.” Miriam Beard
Decía Henry Miller que nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas. Y en el caso de Saracho, su fin último no es viajar, sino descubrir. Los lugares son una excusa para descubrirse a sí mismo y su capacidad para reinterpretarse. Su afán por llegar a la abstracción se ve limitado por la figuración, pero su deseo sigue vivo, y es que un viajero sin capacidad de observación o un artista sin deseo de superación es como un pájaro sin alas.
Los viajes nos definen como seres humanos e, inconscientemente, a través de nuestros juicios, evidenciamos nuestras carencias. “Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente”, apostillaba Mark Twain. Todo viaje, corto o largo, comenzó por un primer paso y, si bien es cierto que los turistas no saben dónde han estado y los viajeros desconocen dónde están yendo, Saracho, pintor sin prejuicios, busca encontrar en cada uno de los suyos la memoria, no como llave del pasado, sino como puerta del futuro, la posibilidad de dar a luz ese deseo inconcluso.
“Viajar logra lo mismo que los buenos novelistas consiguen hacer con la vida cotidiana cuando la enmarcan como si fuera una foto en un portarretratos o una gema en un anillo, de manera que las cualidades intrínsecas de las cosas se vuelven más claras. Viajar logra hacer eso con la materia de la que está hecha nuestra vida cotidiana, dándole los contornos nítidos y significados del arte”. Freya Stark

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