LOS PARAISOS PERDIDOS

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            Entre cada hombre y el mundo se interpone el alma. Cada distancia que el hombre conquista con respecto al universo le imprime una soledad aterradora, una soledad culpable cuyo remordimiento le hace retroceder para abrazarse y reconocerse humildemente con su esencia. Ese viaje transgresor viene incentivado por el deseo de dar respuestas a su vida. De igual manera, el artista se va haciendo cada día realizando esas inmersiones más allá de sus fronteras porque el arte no es más que ese anhelo por descifrar el misterio de una huella perdida en la que late otra existencia. Y es Uriarte, artista multidisciplinar, quien, a través de su exposición, Los paraísos perdidos, nos abre ventanas a esos visionarios que fueron incomprendidos y maltratados en su tiempo por no ir acordes con los convencionalismos de la época.

         “É a prova de una mente inferior o desejar pensar como as massas ou vomo a maioria, somente pòrque a maioria é a maioria. A verdade não muda é, ou nao é, acreditada por uma maioria das pessoas.”  Giordano Bruno

           Cada época, como cada hombre, tiene sus miserias y sus glorias y en la mayoría van entremezcladas.  Constituyen un acto dentro del drama de la vida y, como no podemos asistir al final del mismo, nos vemos forzados a ser juez y parte, ya que, lo reconozcamos o no, somos prisioneros del tiempo en el que vivimos. Y toda prisión pide libertad. El problema es creerse en posesión de la verdad. Concuerdo y disiento, decía Miguel Servet, me parece que todos tienen parte de la verdad y parte del error y que cada uno ve el error de otro, pero no el suyo. Que Dios por su misericordia nos haga entender los nuestros y sin obstinación. No tuvo suerte en sus pretensiones, pero católicos y protestantes obviaron sus diferencias para acabar con él. Comprobamos gratamente que el hombre, independientemente de la época en la que viva,  no se resigna ante las cadenas que se le imponen.  En estos tiempos de transición y cambios, la intransigencia se asienta en sus principios, corroídos de miseria, para no apearse del poder. “Que ingenuidade pedir a quem tem poder para mudar o poder” Giordano Bruno.

          Juan Carlos Uriarte en la muestra “Los paraísos perdidos” nos ofrece una obra extremadamente cuidada, como es su costumbre, donde la armonía en composición y color, así como la elección de materiales le definen como un hombre refinado, un creador cuyo pensamiento va más allá de la estética para evidenciarnos, a través de la elección de sus personajes, su pensamiento.  Explorador de  mundos en los que conviven la Ciencia, las Matemáticas, la Física, la Filosofía, así como la Alquimia, de almas que no se han doblegado en su búsqueda de la verdad, pioneros en su tiempo, hombres extraordinarios que tuvieron  el valor y la generosidad de sacrificar su vida para anticiparnos el futuro, el artista plástico, contador de historias, deshoja el libro de su vida para revelarnos los tesoros que lleva en el trastero de su memoria.

        “Innumerables soles existen, innumerables tierras giran alrededor de estos soles de manera similar a la tierra en que los siete planetas giran alrededor de nuestro sol. Seres vivos que habitan estos mundos”            Giordano Bruno

         Los héroes que seleccionamos en nuestra infancia, aquellos que elegimos por sus ideas o actitudes nos definen más que nuestras palabras.  Esta hermosa muestra que nos presenta Uriarte no es más una radiografía de sí mismo y  al igual que el hombre de Vitruvio, emblema de pensamiento que conjuga ideas filosóficas, matemáticas y alquímicas, se inscribe dentro de una mentalidad analógica. “Hombre, templo y cosmos eran vistos idénticos y bajo este entendimiento se erigió toda la filosofía y la ciencia del mundo antiguo”  Simbólicamente, en diversas culturas, el círculo representa el Cielo y el cuadrado la materia, la tierra, la base en una estructura arquitectónica. Aquel que conecta  la materia al espíritu es el hombre, dueño de la sustancia que combina lo material y lo espiritual: el alma. El alma es también símbolo de la piedra filosofal, vehículo de la unidad divina entre a tierra y el Cielo. Así, Leonardo Da Vinci nos lo representa a través de la cuadratura del círculo.

          La historia de la criatura humana, partiendo del horror del nacimiento, es una lucha entre el desengaño y la esperanza, entre realidades posibles y en sueños imposibles, entre medida y delirio, afirmaba Servet. La exposición  “Los paraísos perdidos”, de Juan Carlos Uriarte, constituye un retorno al pasado para retomar la esperanza, porque  cuando vacila la esperanza y se detiene, cuando se encrespa y se confunde, estamos en una crisis que dura mientras la esperanza ande errante, mientras los hombres no se entienden entre sí acerca de aquello que esperan, y entonces tampoco se entienden consigo mismos. Vive mejor el pobre dotado de esperanza que el rico sin ella, concluye Raimundo Lulio

         En nuestra época, al igual que en tiempo de Leonardo Da Vinci, hay tres clases de personas: aquellas que ven, aquellas que ven lo que se les muestra y aquellas que no ven. Así, con la venda en los ojos para no quemarnos con nuestra imagen, lo que se espera ni se sabe ni se quiere saber porque se teme, ya que la razón ha sucumbido ante los hechos. El retorno al pasado, a nuestras raíces nos devolverá la esperanza perdida. Y esta se encuentra en la Utopía y la historia de la misma, su nacimiento, evolución y eclipse constituyen la verdad de nuestra cultura.  “A verdade pode ser uma grande mentira” Giordano Bruno

                                                                               Ana Cristina Pastrana.

PABLO GAGO Y LA AVENTURA DE VIVIR

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“El arte es una proximidad a la profundidad del mundo”

     José Luis Sampedro.

          Si nos asomáramos a los ojos de Pablo Gago, a través de la ventana de sus obras, siempre vivas, podríamos disfrutar de la esencia de la vida y comprender que es nuestra capacidad de aprendizaje lo que propicia nuestra felicidad, porque como bien decía Delacroix, lo que mueve a los hombres de genio, lo que inspira su trabajo, no son las ideas nuevas, sino la idea obsesiva de que todo lo que ha hecho no es suficiente.

            Para vivir una vida creativa hay que desprenderse del miedo a equivocarse y asumir el riesgo como factor inherente al crecimiento personal. Cada creador se enriquece y enriquece su obra con su plenitud y es en este estado cuando, sobrecargado de energía, transforma lo que percibe reflejando su personalidad. “Cuando pinto cuido de conservarme, entregándome. Sólo conservo la vida. Doy todo lo demás que soy entonces”. Pablo Gago

           Pablo Gago, artista multidisciplinar y creador infatigable, concebía la pintura como una necesidad vital y cada obra como un reto, una proximidad a la profundidad del mundo.”Un cuadro es una aventura”, comentaba y como tal la vivía y la desarrollaba. Esa pasión evidencia una forma de entender una existencia en la que vida y arte son lo mismo y disfrutar es lo importante. El arte, pues, es la esencia de la vida. Nuestras palabras y nuestros actos están llenos de arte. La sustancia del arte es la plena conciencia y a medida que el hombre progresa, tiene mayor conciencia de que es dueño de sí mismo. Fuera, a través de nuestros sentidos, captamos la realidad del mundo, pero dentro, donde emana la luz y se mueven nuestras emociones, lo amasamos y, a través de nuestras obras, evidenciamos, no lo que son las cosas, sino las sensaciones que nos provocan. “Creo que el arte tiende a ser la expresión de la esencia de la existencia. El conocimiento de la existencia no es arte, sino ciencia. “ Pablo Gago

           Estamos siempre en el principio de las cosas porque todo vuelve a la raíz. Aprender y desaprender, llenarse y vaciarse, acabar para volver a empezar. Todo ello viene incentivado por el deseo inconcluso, la búsqueda de la verdad, de la esencia. Y nuestro artista así lo confirma cuando define su obra como la verdad inventada en la superficie del cuadro. Lo rotundo, sin grito. Así pues, deducimos que lo esencial no está en las palabras, sino en los estados del ser y su conciencia, en las realidades vividas y, para llegar  a descubrirlo, es imprescindible no tener prejuicios, porque la creación de algo nuevo, como diría C. Jung, no se logra en el intelecto, sino por el instinto lúdico que actúa desde una necesidad interior. La mente creativa juega con los objetos que ama. Y en este juego, siempre a la búsqueda de lo desconocido, es donde Gago se traduce e interpreta, porque crear es descubrir nuevos problemas. Cada obra es una aventura.  Las aventuras pueden tener etapas. Pero la etapa ha de ser completa. Etapa igual a cuadro. Investigar lo desconocido.

             Hacerse consciente de lo que uno es lo definimos como despertar e intentar demostrar ante los demás nuestro valor, como falta de seguridad en uno mismo. Lo que corrompe no es el poder, es el miedo y el miedo siempre nos limita. Erigimos ídolos, el mayor, nuestro ego. Por esa razón, el paso a la libertad consiste en salir de uno mismo. Y Pablo Gago asume la pintura como herramienta esencial de su libertad. Un cuadro es una aventura. A veces las aventuras son bellas. Busco la aventura, no la  no la belleza.  El deseo le coloca siempre en la posibilidad de ser más, forma parte de su constitución, de su esencia y constituye su elección como ser libre. El arte, pues, es la transformación del ser humano ante una percepción y su capacidad y gozo para dar forma a la idea, consiguiendo perfeccionarse. Esa capacidad para integrarse en el universo sin perder su identidad individual, le proporciona una paz más firme que su apego al sufrimiento, a su ego y a su necesidad de tener razón. El arte lo inventa el hombre, como otro lenguaje, para aproximarse más a la explicación de sí mismo y de su mundo.

              “Nuestras convicciones más arraigadas, mas indubitables, son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestros límites, nuestros confines, nuestra prisión. Toda obstinación en mantenernos dentro de nuestro horizonte habitual significa debilidad, decadencia de las energías vitales. El horizonte es una línea biológica, un órgano viviente de nuestro ser; mientras gozamos de plenitud, el horizonte emigra, se delata, ondula elástico casi al compás de nuestra respiración. En cambio, cuando el horizonte se fija es que se ha anquilosado y que nosotros ingresamos en la vejez.”

                                                                             Ortega y Gasset

                El horizonte de Pablo Gago, como  pintor, le ha mantenido joven hasta la muerte porque siempre ha gozado de esa plenitud que le ha valido un reconocimiento internacional. Ya desde muy joven se relacionaba con Dalí, Picasso, Tapies y Miró, Calder, Saura, Oteiza, con los que compartió La exposición de Arte Fantástico en Madrid y a lo largo del siglo XX se codeaba con los creadores de los movimientos El Paso y Dau al Set. Como artista multidisciplinar, además de su formación como arquitecto, especialidad con la que participó, junto con otros compañeros, en el diseño del tren Talgo,  estudió cine con Carlos Saura y teatro con Miguel Narros, con el que llegó a formar compañía. Sus obras figuran entre las mejores colecciones del mundo y se pueden disfrutar en museos de nuestro país, tales como el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, el Museo Internacional de Arte Abstracto, el Museo Nacional de Teatro y otros en México, Alemania, Francia, EEUU. Autor de murales y esculturas, así como de proyectos escenográficos para cine, teatro, ballet, labor por la que obtuvo un Goya en 1996, cuenta con una extensa producción y numerosas exposiciones. Su labor como docente la desarrolló, entre otros centros, en la Escuela de BELLAS artes, en la Escuela Oficial de Cinematografía, en la Escuela de Arte Dramático, en el Columbia College Panamericano de México.

              Pablo Gago nace con la abstracción, cuando aún estaba en pañales y se anticipa al hiperrealismo.  Emocionado desde niño con los vitrales de la catedral de León, su ciudad, y el efecto de la luz en los mismos, se deja seducir por su magia, la interioriza y va descubriendo ese juego en el mundo que le rodea, y es que se puede acumular el saber, pero para conocer, hay que estar bien despierto ante lo vivo. “El mundo que nos ha representado Gago es una cristalización blanda, en la cual las espigas y los polígonos han depositado sus sombras, viviendo ellas en un mundo propio.” A.Saura.

                  Su trabajo, hubiera afirmado F. Bacon, consistía en profundizar en el misterio.  A través de un estilo vigoroso y expresivo va dejando su huella en cada obra como si fuera parte de sí mismo. Fuerza instintiva del gesto en búsqueda de la verdad, supeditando la belleza. Trazo enérgico y esquematizado, movimiento de luces y sombras desbordando el cuadro.  La violencia cromática y gestual concede a la obra un gran poder de atracción. El color se deja atrapar por el volumen, definido por la luz, pariendo esa idea esquemática, fruto de  un pensamiento profundo. Tiendo a la forma grande porque no se presta a lo equívoco. Expresión sencilla del pensamiento complejo, afirma el artista.

                Pablo Gago, leonés ilustre y hombre del Renacimiento, fue desarrollando  su potencial creador sin que le condicionaran los convencionalismos de su época, un hombre que, guiado por su deseo de aprender, concibió el arte como forma de vida porque, como decía Buhadaranyaka Upawshadtu, tú eres lo que es el profundo deseo que te impulsa. Tal como es tu deseo, es tu voluntad. Tal como es tu voluntad son tus actos. Tal como son tus actos, es tu destino.

EMOCIONES

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EMOCIONES

          La felicidad es la proyección de uno mismo. Vivimos en una sociedad de espejismos donde la hipocresía social no nos permite ver nuestra verdad ni destapar nuestras emociones. Supeditados al juicio ajeno y adoctrinados en ser políticamente correctos, desde muy pequeños se nos conduce a la obediencia, a ser productivos y competitivos, menospreciando las emociones que, acumuladas en nuestro cuerpo, abortan como enfermedades.

           La mente puede maquillar las vivencias sufridas, pero el cuerpo tiene memoria. “La pedagogía venenosa educa a personas conformistas que sólo pueden confiar en sus máscaras porque de niños vivieron contantemente con el temor del castigo” Alice Miller.

          La confianza, el respeto y el amor a uno mismo son imprescindibles para la salud mental. Cuando te traicionas a favor de los demás, te estás matando. Reprimir las emociones genera un daño irreparable en nuestro cuerpo, daño que el perdón no cauteriza. Tan solo el artista, a través de su obra logra liberarse de esa pedagogía en la que nos inician desde que nacemos.

          El arte tiene que ver con lo que nos desestabiliza, decía Angélica Liddell y son nuestras emociones reprimidas las que afloran desde la oscuridad para abortar el hambre derramada en el pasado y poder afrontar el futuro con libertad. Enfrentarse a ese duelo no es fácil, dado que la sociedad te condena si rompes con la tradición del silencio. La creatividad otorga al creador esa capacidad para liberar la toxicidad que le ata.

          Las emociones son como caballos salvajes. No son explicaciones que nos ayudan a seguir adelante, sino nuestra voluntad de seguir adelante, afirmaba Paulo Coelho, sin embargo, como contrapunto, según Mitch Albom,  para seguir adelante, debes entender por qué sentiste lo que sentiste y por qué no necesitas sentirlo.

          Emociones suscita la exposición EMOCIONES, que se puede disfrutar hasta finales de Noviembre en la biblioteca Luis Pastrana de nuestra ciudad. En cada una de las obras el fotógrafo nos desvela su mundo reflejando el ajeno y consigue conmovernos con la estética, el color, la luz y la fuerza de la obra. Una exposición donde los gestos trepan por el alma del que los contempla para crecer con ellos.

           Si es cierto lo que afirma Eduardo Punset, que la mejor manera de contrarrestar una emoción negativa es tener una positiva más fuerte, un paseo por esta muestra nos lleva a otros mundos donde la mirada del artista ha sabido desvelar los tesoros de lo cotidiano y devolvernos la magia que olvidamos con las prisas y la rutina.

           Llego a preguntarme a veces si las formas superiores de la emoción estética no consistirán, simplemente, en un supremo entendimiento de lo creado.   Thomas Hardy

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