EGOGRAFÍAS

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EGOGRAFÍAS 

LA INDIVIDUALIDAD COMO DESEO DE PERPETUACIÓN

 

 

             “Viajo al pasado, avanzo al futuro, paseo por el presente….y encuentro a seres que se inmortalizan singularizándose”

                                                                                              Alfonso Fernández Manso

 

           El Estado organiza nuestras necesidades con razón a sus intereses, haciéndonos creer que nuestros deseos coinciden con los mismos e imponiéndonos como deber social la eliminación de todo individualismo. Pero si existe algo que nos caracteriza es esa capacidad que tenemos para desear. El deseo constituye, desde siempre, el motor de nuestra existencia. Y cada ser humano, independientemente del origen, la formación o la mentalidad, persigue el individualismo. Es el arte un hilo conductor a través del cual el hombre goza de una libertad para expresar su mundo interior y son los artistas los que logran conmovernos y emocionarnos a través de ese deseo, siempre inconcluso, manifiesto en su obra.

          La idea de la singularización como tarjeta de identidad está presente en la obra de Alfonso Fernández Manso. “La idea se basa en la sigularización, construir identidades, reivindicar la libertad de la forma humana a través de la transformación estética”

           Toda vida es cambio. Vivimos para cambiar y cambiamos para vivir. La energía se transforma y el hombre, conciente de su transformación, busca trascender a través de sus capacidades. Desde tiempos ancestrales el ser humano ha utilizado su rostro y su cuerpo como soporte estético para realzar su identidad. Ese afán hedonista por inmortalizarse es fruto de su mente, que siempre busca mitos que le hagan comprender su finitud dentro de un espacio y un tiempo ilimitado, acotándolo en secuencias repetitivas, mediante las cuales se perpetúa.

                “Primitivos aborígenes y sofisticados ciberpunks tienen una misma aspiración estética: transformar sus cuerpos en soportes para crear diferencia” (Fernández Manso)

                La libertad es esa capacidad que tiene cada hombre para elegir entre el sí y el no. Pero la libertad, a diferencia del libertinaje, exige responsabilidad y eso en la mayoría de las ocasiones, nos viene demasiado grande. Un hombre libre es aquel que es dueño de sí mismo, pero vivimos tan pendientes de acaparar y controlar todo, que añoramos la posesión de la voluntad ajena más que el dominio y conocimiento de la propia. Sólo es necesario darle poder a un hombre para conocer sus debilidades.

              Nuestro narcisismo se delata en conductas y actitudes y evidencia nuestras carencias y frustraciones. Es más fácil que, con el tiempo, nuestras virtudes se transformen en defectos que nuestros defectos en virtudes. Pero todo ser humano, llevado por su ego, busca, como animal, delimitar su territorio y como racional, su perpetuación para trascender dentro de su especie.

             “Transformar sus cuerpos en soportes para crear diferenci, un ego envolvente, una obsesión de identidad, una inmensa motivación para crear a partir de uno mismo se esconde en el espíritu de los mortales” (Fernández Manso)

               Lo infograbados de Alfonso Fernández Manso reflejan una imagen sobre la dicotomía del ser humano, su desdoblamiento, su capacidad crítica y seductora, así como la coexistencia del mundo interno, subjetivo con el objetivo y externo. En  la mayoría de sus obras prima la estética y el concepto del yo,  aunque en otras se observa el desarrollo de una idea, de carácter universal, en la que el color se antepone a la acción.

              “Esta técnica pictórica, el infograbado, parte del apunte de la idea o concepto “in situ” en los cuadernos de trabajo. Este dibujo es reelaborado manualmente hasta obtener una primera propuesta creativa. En una segunda fase la obra analógica es sometida a un tratamiento digital mediante diferentes técnicas de procesado de la imagen. Esta aproximación permite al autor la simulación y la interacción de múltiples posibilidades hasta encontrar una imagen bella. En geografías, la manufactura y la tecnología se entrelazan en un proceso armónico y constructivo”. (Fernández Manso)

                Observamos un gusto por el estudio armónico del color, los movimientos circulares y envolventes, así como las espirales, símbolo de la vida. La cabeza humana, el cuerpo femenino y las ideas primarias definen una obra en la que nada está estudiado y donde la casualidad determina su acabado. En sus cuadros encontramos influencia de Kandinsky,  Kle en el color, de Kooning en el trazo  y de Mortherwell en cuanto al reflejo de la inmediatez. Fauvismo y surrealismo se conjugan, vislumbrándose, a veces, un corte picasiano. El sentido hedonista, la acertada combinación del color y el cuidado estético de la composición, así como la simulación de texturas, confieren a la obra una gran seducción.

                  Fernández Manso es, sobre todo, un radiólogo de sensaciones, un hombre capaz de absorber toda la belleza que esconden los gestos del ser humano en su afán por trascender. En esta colección de egografías evidencia esa capacidad de transformación que todos tenemos para reivindicar nuestra individualidad.

                  Hasta fin de este mes en la Sala de Las Culturas de Bembibre, todos podemos disfrutar de la belleza de sus obras. Fernández Manso, un mapa donde los rostros juegan a transformarse para ser inmortales.

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