RETRATOS Y NIEBLA

PININ OBRA 1

PINÍN Y EL PODER DE LA SEDUCCIÓN

 

        “La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”

                                                                  Eduardo Galeano.

    La vida se despliega hacia adelante. Hay que estar con los pies  en el ahora, tener superado y asumido el ayer y vivir de lleno, con la ventana abierta al mañana.

    Cada rostro es una ventana, una invitación a descubrir el misterio que se mueve tras la máscara. La tentación de traspasar los límites de la incertidumbre y poseer la esencia es lo que nos seduce, nos atrapa. Es nuestra fantasía la que magnifica cada gesto, la que discurre por cada imperfección, la que barrunta entre las luces y las sombras ajenas, la que se pierde entre la niebla para destapar los sueños que nos ayudan a seguir viviendo.

      Presa de esa fantasía, Enrique Pinín, laboratorio de emociones, da rienda suelta a la magia del lápiz para recorrer silencios,  pasiones, errores,  deseos, frustraciones e hilar con ellos una partitura de encuentros y desencuentros. Atrapado por la incertidumbre, por las infinitas posibilidades de descubrir y ser descubierto, de adivinar y adivinarse, de confirmar lo inventado, de vivir y disfrutar lo prohibido, el artista se deja seducir por el misterio que encierran esas mujeres que o bien se diluyen entre el paisaje o abortan, con rotundidad, entre la niebla, para  perderse en el escenario de la vida donde componen sus óperas.

     Nuestros miedos son nuestros límites. Con el tiempo aprendemos a eludir las personas tóxicas. Evitamos los problemas que no deseamos  en la medida  que tenemos claro lo que es prescindible. De igual manera, el pintor ha ido a lo esencial del alma femenina, a su gesto, su mirada, su abandono, con una sensualidad que provoca el deseo de embriagarse en ese mundo que se asoma a  nuestro encuentro, pero manteniendo siempre la ambigüedad y el desafío.

             Enrique Pinín, un hombre hecho de muchas vidas y de varias muertes, exhibe, una vez más, su extraordinario trabajo como dibujante con la maestría de los que no sólo conocen bien su oficio y la técnica, sino con la de aquellos orfebres del alma humana que, embargados por la humildad que les encubra a altura de los dioses, desmantelan, sutilmente, las capas de cebolla que envuelven a toda mujer para recrearse en ella y entregarle lo mejor de sí mismo, su alma de creador.

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