PENDIENTES DE UN HILO

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PENDIENTES DE UN HILO

De Mónika Aramburu

     “La musa más poderosa de todas es nuestro niño interior”

                                                     Stephen Nachmanovitch

       Vivimos en una sociedad cuyo sistema educativo mata la creatividad del niño. Y es que la educación no consiste en inculcarles nuestros pensamientos, sino en dotarles del apoyo y las herramientas necesarias para que descubran y desarrollen sus capacidades.

     La creatividad es la capacidad de contemplar la vida, atraparla y dejar que, seducidos por ella, nos invada. Mónika Aramburu nos atrapa con sus acuarelas para poner ante nosotros el mundo secreto de la infancia, el disco que llevamos atrincherado en el trastero de la memoria. Cual marionetas, pendientes de un hilo, pasamos por la vida superando pruebas, venciendo obstáculos, compitiendo por un estado de bienestar que ciframos en la consecución de metas materiales. Pendientes de un hilo quedan nuestros sueños, nuestro mundo interior, nuestros sentimientos, nuestras esperanzas, la felicidad.

       “Pendientes de un hilo” es el título de la exposición que, hasta finales del mes de mayo, nos ofrece esta pintora en el Museo Vella Zaneti de León. En cada obra de esta acuarelista respira la magia de ese niño que llevamos dentro y del mundo que perdimos: el de las pequeñas cosas, los secretos, los cuentos y sus duendes, las emociones, el mundo onírico de los sueños. Cuando contemplamos sus cuadros, tratados con una exquisita delicadeza, nos encontramos con una mujer de gran sensibilidad y una profesional con gran dominio técnico. Limpieza, transparencia y armonía en un  trabajo donde mima cada detalle, donde se recrea en cada poro, en cada pliegue, como una caricia que pone ante nuestros ojos, destapando el brillo que hemos dejado en el baúl de la imaginación. Toda su obra es un homenaje a esos pequeños tesoros que poblaron nuestra infancia, las que nos conmovieron e hicieron de nosotros lo que somos.

     “No habría creatividad sin la curiosidad que nos mueve y que nos hace permanentemente impacientes ante el mundo que no hicimos, al que acrecentamos con algo que hacemos”    Paulo Freire.

      La gente, cada día, se ducha, come, descansa, pero rara vez, limpia su corazón. La patria del hombre es su infancia y todos retornamos a ella en algún momento de nuestra vida. Mónica  Aramburu nos recrea ese mundo de cuento donde tantas veces nos refugiamos para combatir el miedo, la soledad, la incomprensión o, sencillamente, para volar lejos del mundo real. Todas sus creaciones rebosan ternura, melancolía, ilusión, esperanza y, gracias a ese bien hacer y a su exquisita sensibilidad, consigue conmovernos y hacernos partícipes de cada obra.

     “La creación de algo no se logra en el intelecto, sino por el nuevo instante lúdico que actúa desde una necesidad interior. La mente creativa juega con los objetos que ama.”    C. G. Jung.

     La emoción estética es tan necesaria como el comer. Preparamos a nuestros hijos para que sean competitivos, productivos, pero no les ayudamos a desarrollar su mundo emocional y a ser felices. Vivimos para los demás, en lugar de cultivar nuestro interior. Ciframos la vida en tener, en lugar de ser.

     “El premio supremo al trabajo no consiste en lo que por él obtienes, sino en lo que por él eres.”   John Ruskin

       Mónika Aramburu desmantela su alma  en sus acuarelas. Y, pendientes de un hilo, cual marionetas, bailan nuestras emociones al contemplar su obra. Un billete al corazón, un viaje al mundo onírico donde ocultamos al niño que llevamos.

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