ESTAMPAS DEL QUIJOTE

QUIJOTE 4

ESTAMPAS DEL QUIJOTE

     “La mayor necesidad es sentir alguna vez que coincidimos con nosotros mismos, ser hombre es poseer una interioridad que lo trasciende todo, esa interioridad inabarcable”

                                                                                                  María Zambrano.

     Un hombre es libre en la media que es verdad. Las grandes verdades se transmiten a través de la escritura y constituyen una reconquista frente a  la derrota sufrida con las palabras. En el lenguaje oral nos desprendemos de ellas, en el escrito, por el contrario, tendemos a retenerlas. Y esa retención se erige como redención frente al sufrimiento.

     La palabra es el estado del ser, dice Carlos Aurtenetxe y “el escritor mantiene una lucha por traducir el hombre a palabra, a conciencia. Y todo ello pasa por ese tamiz la resistencia, el combate con el mundo y con uno mismo.” De igual manera, El Quijote, obra atemporal de carácter universal, evidencia ese deseo por parte de Miguel de Cervantes, “de revocar un mundo de fuerzas en un cielo de verdades”

   Dentro de concepción jerárquica le concedemos mayor fuerza moral a la razón que a las pasiones, considerando que las últimas encarnan lo degradante de la especie, lo peligros, lo animal, Pero ambas no funcionan por separado.  Cuando hablamos de virtudes y vicios, no somos conscientes de que las primeras son tan peligrosas como los últimos si se erigen en dueñas de nuestra voluntad. Un hombre cuyo valor se tipifica con un esquema humano pierde su libertad al caer en la estupidez.

     Elegimos lo que somos y son las pasiones las que nos determinan, de la misma manera que el desequilibrio constituye nuestra característica esencial. Para algunos la mediocridad es lo normal, la locura es para aquellos que aspiran a ver más. Y siendo la locura innata en el hombre que diría Gao Xingjian, es posible tener algún brote en cualquier momento. Lo que no dice nada bueno de nosotros es nuestro acomodamiento a una sociedad corrupta como en la que vivimos.

       La individualidad es lo que nos diferencia y la singularidad lo que nos erige como creadores. La materialización de la obra como algo único e irrepetible, es la consecuencia del virtuosismo técnico combinado con el defecto último de una casualidad imprevisible. El deseo es el motor del artista, el ideal siempre inconcluso, el antídoto contra la muerte. Y es en esta magnífica muestra, ESTAMPAS DEL QUIJOTE, que reúne diversas ediciones sobre la obra de Miguel de Cervantes y  que amablemente nos muestra Luis Carnicero, un hombre del Renacimiento, en el Palacio de Los Guzmanes, donde podemos contemplar las diferentes visiones de los ilustradores. Una de las mejores colecciones de España sobre el particular. En cada contemplación estética descubrimos ese aborto en el que se dibuja la época, el gusto estético, el pensamiento de una sociedad y el alma del creador. El arte es expresión y producto del hombre, es su reflejo y proyección.

      La realidad del misterio es lo que nos hace y nos deshace. Y así nace el Arte. Desaprender para aprender. Cuatrocientos años después, embriagados por EL QUIJOTE, seguimos dándole forma. Si dejamos que la imaginación salga de su jaula de oro y disfrute de su libertad, quizás entonces, como dice Luis Carnicero, contemplemos esa figura del Greco, donde un día Cervantes se recreó y la fue pariendo para perpetuarse a través de su alma, que es la nuestra.

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