ESPACIO INTERIOR

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ESPACIO INTERIOR

De Fernando Vázquez Mourelo.

       “Pues el hombre está más enfermo, más incierto, o más variable, más inconsecuente que ningún otro animal. Seguramente se ha atrevido a más, ha innovado más, ha desafiado y provocado más al destino que todos los demás animales juntos; él, el gran experimentador que experimenta en sí mismo, el insatisfecho, el insaciable, que lucha por el poder supremos con el animal, con la Naturaleza y con los dioses; él, el indomado todavía, el ser del eterno futuro que no encuentra ya reposo ente su fuerza, aguijoneado sin cesar por la espuela ardiente que el provenir hunde en la carne del presente; él. el animal más valeroso, de sangre más rica, ¿Cómo no había de estar expuesto a las más largas enfermedades, a las enfermedades más terribles de todas las que afligen al animal?  Nuetzsche

           Desde que la educación se ha vendido como espectáculo, se le ha dirigido al individuo, tanto en el trabajo como en las pasiones, a desarrollar un alma incompleta. Bajo la máxima del bien común, buscando la utilidad y el adoctrinamiento en el manejo de masas, los gobiernos van aniquilando la libertad del individuo. Así, la economía controla y decide las necesidades, la política se comercializa y libera las tensiones de poder, la estética se reduce al exhibicionismo y la fisiología genera seres débiles, fracasados, que se autodestruyen. Se busca y se desea esta estandarización de la debilidad porque, mediante la misma, hacemos poderosos a nuestros enemigos, aquellos que nos manejan con razón a sus intereses. Y Se quiere la debilidad  porque­­ la mayor parte de las veces se es necesariamente débil.

         El mundo es de la tecnología. Pero una sociedad no es libre de permanecer siempre joven, porque incluso en sus momentos álgidos tiene sus escombros, sus miserias. Cuanta más capacidad crítica desarrolle, más se arriesgue, más se enriquecerá y más posibilidades tendrá de equivocarse y aprender.  La degeneración, propia de todos los pueblos y sociedades, provoca una decadencia en las culturas que no podemos impedir, pero siempre se debe luchar por preservar esa parte sana para regenerar. Es importante, decía Montagu, señalar que los significados de las simbolizaciones sólo pueden ser comprendidos por seres que han aprendido a traducirlos, y esto es concretamente lo que cada cultura permite, hacer a sus miembros  de acuerdo a sus propias especificaciones. De esta forma, todo miembro de una particular cultura está hecho por las costumbres, desarrollado de conformidad con la pauta dominante en esa cultura particular. En consecuencia, la cultura se convierte en el principal medio de adaptación al ambiente del hombre.

        “Un devenir y un perecer, un construir y destruir, sin justificación moral alguna, eternamente inocente, sólo se dan en este mundo en el juego del artista y el niño. Hay un momento de saturación; luego le acomete de nuevo la necesidad, como al artista le obliga la necesidad a la creación” Y es el creador, el artista, quien, guiado por su instinto, va hacia la última consecuencia del arte, hacia su vida. Fernando Vázquez Mourelo, adopta ese compromiso con el arte y, haciendo gala de esa transparencia que le caracteriza, desmantela, a través de su exposición, ESPACIO INTERIOR, el alma diezmada de un hombre de nuestra era, víctima de los instintos depredadores  del poder, en una sociedad en la que la tecnología ha sustituido a la religión y la moral. Y esto es así porque “el hombre superior se diferencia del inferior por su intrepidez y su desafío de la desgracia” Nietzsche

         El lenguaje, que surge como respuesta a las experiencias del individuo en su hábitat, habla del ser, de su relación con los otros y del mundo. En cuanto supone una reducción a la singularidad del hombre y de su entorno, genera una vista parcial de su existencia. El desfase entre realidad y comunicación en los sujetos afectados, dentro de una estructura social, se debe a la exclusión de temas determinados dentro del mismo y a la deshabituación de hablar de aquello de lo que también se debería, se podría, se desearía hablar. De esta forma, el entendimiento se limita a lo comunicado, excluyendo todo lo comunicable y generando un conflicto social o psicológico. Lo que un hombre piensa de sí mismo, esto es lo que determina, o más bien, indica su destino.  D. Thoreau.

             El deseo de exteriorizar el conflicto surge cuando se adquiere conciencia de que estas necesidades deben y pueden ser satisfechas. Y es a través del arte, la única fuerza superior contraria a toda voluntad de negar la vida, que se erige como redención del hombre de conocimiento, de aquel que ve el carácter terrible y enigmático de la existencia, del que quiere verlo, del que investiga trágicamente, como se nos presenta. Vazquez Maurelo, el artista filósofo, el mismo que desestima ese arte propio para convalecientes, un arte malicioso, ligero, fluido, divinamente artificial, un artista que no quiere desembarazarse del terror que ve en el aislamiento de esta sociedad, quien se erige, a través de su obra plástica, como espejo  del dolor y la soledad que provoca la incomunicación. “Los espejos se emplean para verse la cara, el arte para verse el alma “  Shaw

       Espacio Interior es una exposición en la que, a través de una imagen futurista, anclada en el pasado, nos presenta la desolación del hombre, cuya vida emocional ha quedado atrapada entre su piel y la máscara, mientras deambula por un paisaje baldío e inhóspito, donde se siente como una abstracción ante el abismo. La era de la tecnología y la comunicación  han propiciado una enorme soledad en el individuo, que contempla, como testigo único, una realidad inasumible e inabarcable.

      Vazquez Mourelo, un pintor comprometido con su tiempo, que no comparte la idea del arte por el arte, nos ofrece, a través de esta muestra, que se puede disfrutar hasta finales del mes de Mayo en la galería Ármaga de León, una obra plástica muy cuidada, donde nos hace ver que se han traspasado los límites de las utopías y que, tras el triunfo de la tecnología, subyace la negación del alma humana. El costo de una cosa, decía Thoreau, es la cantidad de lo que yo llamo vida, necesaria para adquirirla, ya sea a corto o a largo plazo.

         El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la sociedad. (A. Schopenhauer) Y ese miedo se traduce en una atmósfera contaminada e inhóspita, como reflejo de lo tóxico, atmósfera que el pintor impone en toda su obra con un cromatismo de grises, como contrapunto a los colores brillantes del éxito tecnológico. El espacio pautado, en el que los personajes juegan a sobrevivir, cual marionetas, evidencia la fuerte inhumanidad que les determina, contrastada por el realismo de las cápsulas espaciales, que  constituyen la demarcación entre la tecnología y la emoción. Una puesta en escena en la que el hombre juega con el futuro limitando su presente. “La gente suele atribuir lo que le sucede a acontecimientos cercanos en el espacio y en el tiempo, cuando en realidad se trata del simple fruto de la dinámica del sistema mayor en que se hallan inmersos.   Sterman.

           Fernando Vázquez Mourelo, un pintor existencialista, que bebe en el Cine y en el Teatro, en la Filosofía y la Literatura, un experimentador con extraordinario dominio técnico, nos invita, a través de su exposición, Espacio Interior, a la reflexión sobre la soledad  del individuo en una sociedad donde la perfección tecnológica provoca una gran incomunicación y frustración en el ser humano.” El hombre todo lo perfecciona en torno suyo; lo que no hace es perfeccionarse a sí mismo.”   Alphonse  Karr

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