VELA ZANETTI

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VELA ZANETTI y las raíces de los hombres.

“La verdad que buscas, amigo mío, está siempre más allá de ti mismo”   Faouzi Skali.

          En cada hombre habitan dos perros, uno bueno y otro malo. Dependiendo de cómo  los alimentemos, le daremos poder a uno de los dos. En esta elección el miedo es el mayor enemigo. Cuando tememos que el segundo nos devore porque lo hemos amamantado con odio y rencor, producto de las ofensas provocadas por del mundo exterior y que no son más  que el reflejo de nuestra frustración, nos convertimos en egoístas. Entonces nos enrocamos para protegernos, mostrándonos críticos e inflexibles, enmascarando nuestra inseguridad. Este es el punto donde comenzamos a morir, porque la muerte no es la pérdida de la vida, sino nuestro suicidio interior. El único modo de salvarse del abismo, que diría Paverse, es mirarlo y medirlo, sondearlo y bajarse a él. Desnudos frente a la nada, porque nada somos. Y así, a lo largo de su vida, lo ha hecho Vela Zanetti, consciente de que la verdad, nuestra verdad, está en la imagen que tenemos de los otros.

      “Siempre romper el esquema de lo superficial”. Esta  frase, con la que definió el propósito de su obra, evidencia ese afán por escuchar la verdad, la misma que te otorga fuerzas para afrontarla, eludiendo la debilidad que nace del miedo y el deseo de esconderse. Podremos liberarnos de la adversidad, de los cambios imprevistos, del dolor, del fracaso, si somos capaces, en cada momento, de enfrentarnos a nosotros mismos.

“Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros.” Jean Paul Sastre

          Según Guy Debord vivimos en la sociedad del espectáculo, en la que se produce una discusión vacía y los medios de comunicación ni dicen ni transmiten nada. Exhibimos nuestra felicidad a través de las redes sociales de forma vacua, obviando cualquier reflexión sobre las mismas  y evidenciando su futilidad, amasamos títulos, propiedades, amigos, experiencias, relaciones, como una jaula que persigue un pájaro. Sin embargo, la soledad es aterradora. Hay experiencias sobre las que la mayoría de las personas no se atreven a hablar porque no caben en la realidad cotidiana y se sustrae una explicación racional. No nos estamos refiriendo a acontecimientos especiales del mundo exterior, sino a procesos de nuestro interior que en general se menosprecian como meras ilusiones y se desplazan de la memoria. (Albert Hofmann).  Sólo hombres como Vela Zanetti, conscientes de que no existe una sola realidad, sino muchas y que cada una de ellas encierra una conciencia diferente del yo, son capaces de regenerarse continuamente, porque, como afirmaría Bob Dylan, quien no se ocupa de nacer se está ocupando de morir. Y un artista es un hombre que se está haciendo cada día.

          Color y trazos vigorosos se conjugan en su obra, dotada con una fuerza que emana de sus entrañas, embriagadas por los acontecimientos históricos que definieron su vida, así como el ambiente en el que se desenvolvió la misma. Sus personajes son radiografías de la resistencia humana contra el hambre, la soledad, el trabajo, la miseria, el dolor, la lucha por la supervivencia. En todos ellos, al igual que en sus autorretratos, el cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce, el pensamiento son la riendas y los sentimientos los caballos, que diría Platón. La pretensión del burgalés es llegar más allá del gesto, de la escena de esos pueblos de castilla, del tenebrismo de la mina, del desgarro y la sutura, para adentrarse, a través la mirada,  en lo temporal y lo eterno,  lo finito y lo infinito. Curiosamente, vivimos en una sociedad donde, a pesar de tantos medios a nuestro alcance y de estar pendientes de la comunicación a todos los niveles, somos incapaces de leer en los ojos de un ser humano. Esta deshumanización provoca una gran insatisfacción en nuestras vidas, amuebladas hacia el exterior.

          “Si comprendemos nuestras dudas, nuestros sufrimientos, nuestra vida, desde el trasfondo de nuestro espíritu, con todas las células de nuestro cuerpo, eso es el despertar”                                                   Taisen Destrimaru

 Esta es la pretensión de Vela Zaneti, una invitación a despertar nuestras emociones contemplando las ajenas, porque así como las obras son el espejo del artista, las emociones que nos provocan  son reflejo de las nuestras. En este caso, el creador bebe en la historia y la literatura, en las costumbres y tradiciones de los pueblos, en sus paisajes y sus hombres, en su lucha y su miseria, en su fe y su desesperación, en las cruces que pueblan su alma, en las negaciones y los verbos, entre el yugo y el deseo de libertad, en el filo de navaja por donde discurren sus días. Y lo traduce en grabados, dibujos, acuarelas, óleos, técnicas míxtas. Obras de pequeño y gran formato, caracterizadas por la sencillez,  la austeridad,   a religiosidad, obras en las que el artista se desnuda en sus personajes para ser comprendido, obras que revelan su esencia. La creatividad consiste en atrapar el universo y hacerlo fluir a través de tus ojos, concluiría Peter Kostembaum.

           Las raíces de Vela Zanetti están más allá de cualquier lugar de los que habitó, están en el alma de todo ser humano, capaz de conmoverse con el tiempo que le ha tocado vivir, porque el secreto de la genialidad está en conservar el espíritu del niño hasta la vejez, no dejar nunca de inventarse y ser consciente de que toda libertad lleva consigo cierta libertad para escuchar a los demás y para saber mirar dentro de su corazón.   Vela Zanetti, un pintor cuya obra echa raíces en nuestra retina, que ata sin cuerdas ni nudos, que sabe transmitir perforando nuestra esencia, un artista cuya obra es fiel reflejo y consecuencia de su actitud ante la vida, en la que prima el deseo por comprenderla y aceptarla, un hombre hecho de hombres y de historias.

       “Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar con la libertad, con la justicia, con la igualdad y ojala no tuviera necesidad de soñarla.”      M. Luther King.

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