PABLO GAGO Y LA AVENTURA DE VIVIR

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“El arte es una proximidad a la profundidad del mundo”

     José Luis Sampedro.

          Si nos asomáramos a los ojos de Pablo Gago, a través de la ventana de sus obras, siempre vivas, podríamos disfrutar de la esencia de la vida y comprender que es nuestra capacidad de aprendizaje lo que propicia nuestra felicidad, porque como bien decía Delacroix, lo que mueve a los hombres de genio, lo que inspira su trabajo, no son las ideas nuevas, sino la idea obsesiva de que todo lo que ha hecho no es suficiente.

            Para vivir una vida creativa hay que desprenderse del miedo a equivocarse y asumir el riesgo como factor inherente al crecimiento personal. Cada creador se enriquece y enriquece su obra con su plenitud y es en este estado cuando, sobrecargado de energía, transforma lo que percibe reflejando su personalidad. “Cuando pinto cuido de conservarme, entregándome. Sólo conservo la vida. Doy todo lo demás que soy entonces”. Pablo Gago

           Pablo Gago, artista multidisciplinar y creador infatigable, concebía la pintura como una necesidad vital y cada obra como un reto, una proximidad a la profundidad del mundo.”Un cuadro es una aventura”, comentaba y como tal la vivía y la desarrollaba. Esa pasión evidencia una forma de entender una existencia en la que vida y arte son lo mismo y disfrutar es lo importante. El arte, pues, es la esencia de la vida. Nuestras palabras y nuestros actos están llenos de arte. La sustancia del arte es la plena conciencia y a medida que el hombre progresa, tiene mayor conciencia de que es dueño de sí mismo. Fuera, a través de nuestros sentidos, captamos la realidad del mundo, pero dentro, donde emana la luz y se mueven nuestras emociones, lo amasamos y, a través de nuestras obras, evidenciamos, no lo que son las cosas, sino las sensaciones que nos provocan. “Creo que el arte tiende a ser la expresión de la esencia de la existencia. El conocimiento de la existencia no es arte, sino ciencia. “ Pablo Gago

           Estamos siempre en el principio de las cosas porque todo vuelve a la raíz. Aprender y desaprender, llenarse y vaciarse, acabar para volver a empezar. Todo ello viene incentivado por el deseo inconcluso, la búsqueda de la verdad, de la esencia. Y nuestro artista así lo confirma cuando define su obra como la verdad inventada en la superficie del cuadro. Lo rotundo, sin grito. Así pues, deducimos que lo esencial no está en las palabras, sino en los estados del ser y su conciencia, en las realidades vividas y, para llegar  a descubrirlo, es imprescindible no tener prejuicios, porque la creación de algo nuevo, como diría C. Jung, no se logra en el intelecto, sino por el instinto lúdico que actúa desde una necesidad interior. La mente creativa juega con los objetos que ama. Y en este juego, siempre a la búsqueda de lo desconocido, es donde Gago se traduce e interpreta, porque crear es descubrir nuevos problemas. Cada obra es una aventura.  Las aventuras pueden tener etapas. Pero la etapa ha de ser completa. Etapa igual a cuadro. Investigar lo desconocido.

             Hacerse consciente de lo que uno es lo definimos como despertar e intentar demostrar ante los demás nuestro valor, como falta de seguridad en uno mismo. Lo que corrompe no es el poder, es el miedo y el miedo siempre nos limita. Erigimos ídolos, el mayor, nuestro ego. Por esa razón, el paso a la libertad consiste en salir de uno mismo. Y Pablo Gago asume la pintura como herramienta esencial de su libertad. Un cuadro es una aventura. A veces las aventuras son bellas. Busco la aventura, no la  no la belleza.  El deseo le coloca siempre en la posibilidad de ser más, forma parte de su constitución, de su esencia y constituye su elección como ser libre. El arte, pues, es la transformación del ser humano ante una percepción y su capacidad y gozo para dar forma a la idea, consiguiendo perfeccionarse. Esa capacidad para integrarse en el universo sin perder su identidad individual, le proporciona una paz más firme que su apego al sufrimiento, a su ego y a su necesidad de tener razón. El arte lo inventa el hombre, como otro lenguaje, para aproximarse más a la explicación de sí mismo y de su mundo.

              “Nuestras convicciones más arraigadas, mas indubitables, son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestros límites, nuestros confines, nuestra prisión. Toda obstinación en mantenernos dentro de nuestro horizonte habitual significa debilidad, decadencia de las energías vitales. El horizonte es una línea biológica, un órgano viviente de nuestro ser; mientras gozamos de plenitud, el horizonte emigra, se delata, ondula elástico casi al compás de nuestra respiración. En cambio, cuando el horizonte se fija es que se ha anquilosado y que nosotros ingresamos en la vejez.”

                                                                             Ortega y Gasset

                El horizonte de Pablo Gago, como  pintor, le ha mantenido joven hasta la muerte porque siempre ha gozado de esa plenitud que le ha valido un reconocimiento internacional. Ya desde muy joven se relacionaba con Dalí, Picasso, Tapies y Miró, Calder, Saura, Oteiza, con los que compartió La exposición de Arte Fantástico en Madrid y a lo largo del siglo XX se codeaba con los creadores de los movimientos El Paso y Dau al Set. Como artista multidisciplinar, además de su formación como arquitecto, especialidad con la que participó, junto con otros compañeros, en el diseño del tren Talgo,  estudió cine con Carlos Saura y teatro con Miguel Narros, con el que llegó a formar compañía. Sus obras figuran entre las mejores colecciones del mundo y se pueden disfrutar en museos de nuestro país, tales como el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, el Museo Internacional de Arte Abstracto, el Museo Nacional de Teatro y otros en México, Alemania, Francia, EEUU. Autor de murales y esculturas, así como de proyectos escenográficos para cine, teatro, ballet, labor por la que obtuvo un Goya en 1996, cuenta con una extensa producción y numerosas exposiciones. Su labor como docente la desarrolló, entre otros centros, en la Escuela de BELLAS artes, en la Escuela Oficial de Cinematografía, en la Escuela de Arte Dramático, en el Columbia College Panamericano de México.

              Pablo Gago nace con la abstracción, cuando aún estaba en pañales y se anticipa al hiperrealismo.  Emocionado desde niño con los vitrales de la catedral de León, su ciudad, y el efecto de la luz en los mismos, se deja seducir por su magia, la interioriza y va descubriendo ese juego en el mundo que le rodea, y es que se puede acumular el saber, pero para conocer, hay que estar bien despierto ante lo vivo. “El mundo que nos ha representado Gago es una cristalización blanda, en la cual las espigas y los polígonos han depositado sus sombras, viviendo ellas en un mundo propio.” A.Saura.

                  Su trabajo, hubiera afirmado F. Bacon, consistía en profundizar en el misterio.  A través de un estilo vigoroso y expresivo va dejando su huella en cada obra como si fuera parte de sí mismo. Fuerza instintiva del gesto en búsqueda de la verdad, supeditando la belleza. Trazo enérgico y esquematizado, movimiento de luces y sombras desbordando el cuadro.  La violencia cromática y gestual concede a la obra un gran poder de atracción. El color se deja atrapar por el volumen, definido por la luz, pariendo esa idea esquemática, fruto de  un pensamiento profundo. Tiendo a la forma grande porque no se presta a lo equívoco. Expresión sencilla del pensamiento complejo, afirma el artista.

                Pablo Gago, leonés ilustre y hombre del Renacimiento, fue desarrollando  su potencial creador sin que le condicionaran los convencionalismos de su época, un hombre que, guiado por su deseo de aprender, concibió el arte como forma de vida porque, como decía Buhadaranyaka Upawshadtu, tú eres lo que es el profundo deseo que te impulsa. Tal como es tu deseo, es tu voluntad. Tal como es tu voluntad son tus actos. Tal como son tus actos, es tu destino.

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