Pröteik

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Pröteik

“Trabajamos porque esto es como una reacción en cadena, cada proyecto lleva al siguiente.”
Charles Eames

Si es verdad que el tiempo es la moneda de nuestra vida y que todo tiempo no es más que un ahora en expansión, como diría Severo Ochoa, tiempo y arte es lo que aúna esta exposición, una muestra retrospectiva de un provocador: Karlos Viuda.
A pesar de vivir en una sociedad donde se pretende imponer la estandarización, el arte se proclama como la única forma de actividad en la que el ser humano se manifiesta como verdadero individuo, constituyendo su reflejo y proyección. El deseo de comprensión de la vida es lo que mueve al artista y su obra se erige, no solo como producto y expresión de sí mismo, sino también como consecuencia de su actitud ante la vida. El arte, afirmaba Chagall, es sobre todo un estado del alma. Y Pröteik, que a primera vista parece una exposición colectiva, recoge la forma de sentir en determinados momentos de un hombre comprometido con su tiempo, un artista capaz de vivir con lo esencial y apartar el resto, vivir en la austeridad, porque, como afirma Antonio López, los que hemos vivido así se nota en nuestro trabajo como pintor.
Karlos Viuda es un aritista en continua ebullición. Su deseo le lleva siempre a profundizar en el misterio. Exigente consigo mismo y perfeccionista con su trabajo, reconoce que es mejor la duda que la mala convicción. Hombre de arraigadas convicciones, entiende, como Einstein, que el arte es la expresión de los profundos pensamientos por el camino más sencillo, y así lo evidencia en sus trabajos, donde, a través de materiales humildes y sencillas composiciones, da vida a una idea original con un dominio técnico extraordinario en la ejecución de la obra. Sus dibujos constituyen un asalto al poder establecido, a la moral, que limita la capacidad individual, a la hipocresía, la envidia, al continuo beneplácito con la violencia, tan presente en nuestra sociedad
Se quejaba Maikel Jackson de que la gente sólo se fija en los resultados, nunca valora el esfuerzo que ha realizado el artista para conseguirlos. Es fácil que encuentres, si sabes elegir bien el lugar, creadores afines a ti, pero lo difícil es que la mayoría entienda y contemple el acto de crear como un trabajo. El sentido práctico del hombre y su necesidad de racionalizarlo todo le impiden, en muchas ocasiones, sentir. Próteik, una exposición que no te dejará frío, nos conmueve desde cualquier ángulo, porque el verdadero valor del arte reside en su capacidad para conmover y despertar emociones. Y es que el mundo de la realidad tiene límites, pero el mundo de la imaginación es infinito, apostillaría Rousseau.
” La musa más poderosa de todas es nuestro niño interior.
Stephen Nachmanovitch
Karlos Viuda, guiado por lo onírico más que por la lógica, es un descubridor permanente de nuevos problemas porque la creación de algo nuevo, afirmaba Carlos Jung, no se logra en el intelecto, sino por el instinto lúdico que actúa desde una necesidad interior. La mente creativa juega con los objetos que ama. Artista generoso, consciente de que el impulso de guardar para uno mismo lo que has aprendido no sólo es reprobable sino también destructivo, ya que lo pierdes, siempre se muestra empático y dispuesto a compartir sus conocimientos. Con un dominio extraordinario del dibujo, no exento de ironía y crítica en sus composiciones, buen grabador y excelente ilustrador, su obra pictórica, en la que aúna orgánico e industrial, tiene un marcado carácter hedonista. Su estrecha vinculación con la música, patente en su obra escultórica, así como el gusto por los materiales de desecho, lo roto y la herrumbre en muchas de sus composiciones, evidencia el alma versátil, condicionada por el paso del tiempo y que profundiza en la esencia de la vida y sus contrastes. La elección de fragmentos diversos, erosionados por los agentes metereológicos, en la composición de muchas de sus obras, no es más que un reflejo de sí mismo. Somos trozos de los demás, afirma humildemente.
Crear y destruir es lo que genera la evolución del artista y sólo su cabeza y el tiempo son los protagonistas, porque, como afirmaba E. Delacroix, lo que mueve a los hombres de genio, lo que inspira su trabajo, no son las ideas nuevas, sino la idea obsesiva de que todo lo que ha dicho no es suficiente.

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