PRIMAVERA de Javier Rueda

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La creatividad consiste en atrapar el universo y hacerlo fluir a través de tus ojos.
Peter Kostenbaum

Los seres humanos que se enfrentan a situaciones graves y las superan, experimentan cambios positivos que les ayudan a crecer emocionalmente, dependiendo, no solo de su capacidad de adaptación, sino también de los mecanismos de defensa y de los antídotos que utilizan como protectores de los efectos dañinos. Aunque, en la mayoría de los casos, los hombres se llaman a engaño acerca de los problemas que no están en condiciones de resolver, y, en lugar de autocrítica, eluden su responsabilidad dejándose asesorar por aquellos que nos dirigen, los mismos que deciden lo que debemos ignorar o lo que no es digno de nuestro interés.
Según The World Economic Forum, las tres habilidades más demandadas para conseguir un trabajo en el futuro próximo serán la capacidad para resolver problemas complejos, el pensamiento crítico y la creatividad. El atributo humano más significativo es la capacidad para hacernos a nosotros mismos, no como esclavos de un destino, sino como forjadores del mismo. Pero es el miedo el que marca nuestros límites. Y es el arte el que nos ayuda a superar el miedo.
Decía Khalil Gibran que en el corazón de todos los inviernos vive una primavera
palpitante y es Javier Rueda quien nos desvela, a través de esta exposición, que la tierra tiene música para los que escuchan, aroma para los que se dejan seducir por ella, caricias para los que la aman, ojos para los que la contemplan y poesía para los que la pintan. Si bien es cierto que en la naturaleza la renovación es cíclica, como podemos comprobar, nuestra renovación personal, por el contrario, depende de nuestra voluntad para despertar y crecer. Y es lo que define a este extraordinario artista: una voluntad firme, guiada siempre por el deseo inconcluso de seguir ahondando en el misterio de la vida y la naturaleza.
PRIMAVERA nos revela que la poesía de la tierra nunca ha muerto, según John Keats, que la naturaleza siempre lleva los colores del espíritu, que afirmaba Emerson, que siempre hay flores para quien quiere verlas, que decía Matisse o que el cielo está bajo nuestros pies, tanto como sobre nuestras cabezas, que sentenciaba Thoreau. PRIMAVERA es la muestra pictórica que Javier Rueda ha creado para nuestro disfrute.
Vivimos para cambiar y cambiamos para vivir, pero no es lo mismo cambiar las hojas que las raíces, o las opiniones que los principios. Mudamos las primeras porque es saludable, pero cuando lo hacemos con las segundas nos convertimos en marionetas. Y los principios son lo que definen al hombre y las raíces lo que le unen a la tierra, a la vida. Javier Rueda es un hombre de principios, consciente de que si no hay nada bueno que decir, la mejor elección es el silencio. Y todos sus secretos bullen en su trabajo, donde se despega de las adversidades que le atan para volar libre como un pájaro. “Podrán cortar todas las flores, pero no detendrán la primavera” Pablo Neruda.
La vida tiene dos estaciones: la infancia y la vejez y en esta última es donde te sientes más libre, decía Joan Margarit, porque nadie, ni tú mismo, te juzgará por ella mañana. La primavera, sin embargo, como afirmaba Victor Zagarra, nos recuerda que como todo en la vida, tenemos un momento para disfrutar y empezar de nuevo, ya que con el sol llega la vida y la esperanza de mejorar. Y nuestro pintor, siguiendo los sabios consejos de Einstein, mira profundamente la naturaleza para comprender todo mejor: la razón de su existencia, su pasado, presente y futuro, la esencia de las cosas. Y es a través de su mirada, deglutinada y convertida en obra de arte, como su pasión nos va tocando el alma y despertando emociones dormidas. Entonces, al igual que Joan Margarit, llegamos a la conclusión de que con el amor bastaba. Y es amor lo que brilla, como un poema existencial, en los paisajes de Javier Rueda.
Javier Rueda nos hace vibrar y reconocernos en la poesía del cuadro, en su silencio transido, e identificarnos con el aire pretérito que nos define y la esperanza que nos avala como pasajeros del mañana. Atmósferas cotidianas cargadas de una temporalidad que nos traducen, un canto a la libertad y a la individualidad como señas de identificación ante ese mundo estático, pleno de mociones, de sugerencias y recuerdos, fantasías que evidencian los sueños que cabalgamos para soslayar la muerte. Decía Gonzalo Giner que la felicidad no está en los grandes objetivos, que son esos grandes sucesos los que te van haciendo crecer. El espíritu de la genialidad se mantiene si somos capaces de llegar a la vejez con el entusiasmo de un niño y es que el pintor piensa, igual que Henri Thoreau, que el mundo es un lienzo para nuestra imaginación y que la bondad es la única inversión que nunca falla.
Si es verdad que el olvido nunca nos hará inocentes y la ignorancia siempre nos hará culpables, Javier va rescatando para nosotros todo aquello que nos emociona y su cuadros se erigen como diálogo entre lo profundo y lo transitorio, lo cotidiano y lo sublime, lo temporal y lo eterno, el recuerdo y la esperanza, el hombre y su memoria. Toda su obra se erige como un canto a la individualidad y una reflexión sobre la capacidad para comunicarnos a través de esos sentimientos comunes, porque la vida social no es más que muchos hombres juntos viviendo en soledad. Sus cuadros tienen vida propia porque su autor ha sabido rescatar la belleza y la luz de su propia vida, de sus vivencias para plasmarla en su obra.
De pincelada suelta, limpia, rápida y vigorosa, llena de expresividad, sus óleos presentan un mundo donde la inmediatez y la espontaneidad están reflejadas con un gran conocimiento de la perspectiva y del color. Los empastes y texturas traducen un alma vital donde el autor va depositando su memoria olfativa, auditiva, táctil, gustativa y visual, dejando huella, a través del color, como potencia sugestiva, de su esencia vital, constituyendo un elemento esencial como transmisor de sus emociones más íntimas. La luz es un elemento fundamental. en sus obras y en su vida, se abraza a ella como un naufrago, cabalga horizonte arriba para no sucumbir a las adversidades con las que el destino le limita. Las atmósferas que recrea y con las que nos sugestiona, son elaboradas por ese niño que jugaba con sus fantasías en la infancia, el mismo que se recrea en las sombras y las luces de un patio de verano. En sus trabajos al carbón evidencia, no sólo sus extraordinarias dotes para el dibujo, sino también la fuerza y seguridad en el trazo, el dominio de la luz y la composición, aportando a todas sus obras una exquisita sensibilidad que se traduce en la caricia detenida en el gesto de sus retratos, con los cuales intenta seducirnos. Sus naturalezas muertas parecen degranarse, como la propia vida, ante nuestros ojos.
En una rosa caben todas las primaveras, decía Antonio Gala. Todas las primaveras de Javier Rueda están en esta exposición, pero la vida, afirmaba Ortega y Gasset, es una serie de colisiones con el futuro, no es una suma de lo que hemos sido, sino, de lo que anhelamos ser. Y Javier Rueda nos recuerda que en la Naturaleza está la preservación del mundo y que contribuir a embellecerla es lo sigue moviendo su corazón. ¡Bendita PRIMAVERA!

 

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