BEATRIZ SEIJO

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WHAT ARE YOU THINKING ABOUT?

Beatriz Seijo.

“Nuestros momentos de más lucidez suelen tener lugar cuando nos sentimos incómodos, infelices o insatisfechos. Pues es en estos momentos, empujados por nuestra insatisfacción, cuando salimos del camino trillado y empezamos a explorar maneras diferentes de hacer algo.

                                                                                            M. Scott Peck.

        Y en esa búsqueda de lo nuevo es donde el artista, guiado por un deseo, siempre inconcluso, comienza a crecer. Beatriz Seijo es también una buceadora en el mar de la vida,  una pintora caracterizada por un extraordinario dominio del dibujo y una técnica depurada, así como  una sensibilidad innata para adentrarse en el alma a través del gesto, la composición y el color. En esta muestra la autora desata sus emociones que  discurren, como un juego de color, sobre el lienzo con un calculado estudio de la luz.

        Decía H. Hesse que la práctica debería ser producto de la reflexión, no al contrario y así nos lo hace ver esta artista en cada una de sus obras y en el título de la exposición: WHAT ARE YOU THINKING ABOUT? El pensamiento nos define, los hechos nos traducen. Y el lenguaje pictórico de esta mujer, que aúna técnicas mixtas y collages en sus composiciones, además de limpieza, espontaneidad y buen conocimiento técnico, nos evidencian un espíritu perfeccionista, entregado, con una curiosidad latente y una fuerza de voluntad férrea. La reflexión en la composición, el compromiso con su destino, así como el minucioso cuidado por el detalle, así como el esmerado cuidado en el dibujo y la espontaneidad en el color, la definen como una pintora de grandes éxitos. Tanto sus obras de gran formato como las pequeñas, en las que la pintora aborta esa naturalidad que la caracteriza, nos muestran a la mujer que busca respuestas en las contradicciones de la vida, consciente, como diría Hesse de que para que surja lo posible es preciso intentar una y otra vez lo imposible.

     La Naturaleza nos ha concedido esa necesidad de buscar incesantemente la verdad, pero la mayoría de las veces, la verdad está en el fondo de un pozo, que afirmaba Cicerón. La búsqueda de la verdad, característica del hombre superior, que no se pliega al regalo del oído, es lo que define a esta joven artista, consciente, como contemplaba Alfred Adler, que es más fácil luchar por nuestros principios que vivir de acuerdo con ellos.

        La pintura de Beatriz Seijo es una partitura de emociones donde realidad y fantasía se abrazan, evidenciando la singularidad y el dominio técnico de una artista que se construye a sí misma a través de su trabajo. La minuciosidad en la elaboración de toda su obra así como el esmerado cuidado en los pequeños detalles y la lluvia de color que discurre a través del lienzo, despiertan nuestros sentidos y nos recuerdan aquella frase de Anais Nin : La vida se encoge y expande en proporción al valor que uno tiene.

        WHAT ARE YOU THINKING ABOUT?

        En la Galería Ángel Cantero y hasta finales de mes de Noviembre, Beatriz Seijo, una artista comprometida y prometedora, que nos ofrece su obra, su verdad para embarcarnos en otros mundos y llegar a nuestro génesis, porque vivir es nacer a cada instante.

VELA ZANETTI

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VELA ZANETTI y las raíces de los hombres.

“La verdad que buscas, amigo mío, está siempre más allá de ti mismo”   Faouzi Skali.

          En cada hombre habitan dos perros, uno bueno y otro malo. Dependiendo de cómo  los alimentemos, le daremos poder a uno de los dos. En esta elección el miedo es el mayor enemigo. Cuando tememos que el segundo nos devore porque lo hemos amamantado con odio y rencor, producto de las ofensas provocadas por del mundo exterior y que no son más  que el reflejo de nuestra frustración, nos convertimos en egoístas. Entonces nos enrocamos para protegernos, mostrándonos críticos e inflexibles, enmascarando nuestra inseguridad. Este es el punto donde comenzamos a morir, porque la muerte no es la pérdida de la vida, sino nuestro suicidio interior. El único modo de salvarse del abismo, que diría Paverse, es mirarlo y medirlo, sondearlo y bajarse a él. Desnudos frente a la nada, porque nada somos. Y así, a lo largo de su vida, lo ha hecho Vela Zanetti, consciente de que la verdad, nuestra verdad, está en la imagen que tenemos de los otros.

      “Siempre romper el esquema de lo superficial”. Esta  frase, con la que definió el propósito de su obra, evidencia ese afán por escuchar la verdad, la misma que te otorga fuerzas para afrontarla, eludiendo la debilidad que nace del miedo y el deseo de esconderse. Podremos liberarnos de la adversidad, de los cambios imprevistos, del dolor, del fracaso, si somos capaces, en cada momento, de enfrentarnos a nosotros mismos.

“Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros.” Jean Paul Sastre

          Según Guy Debord vivimos en la sociedad del espectáculo, en la que se produce una discusión vacía y los medios de comunicación ni dicen ni transmiten nada. Exhibimos nuestra felicidad a través de las redes sociales de forma vacua, obviando cualquier reflexión sobre las mismas  y evidenciando su futilidad, amasamos títulos, propiedades, amigos, experiencias, relaciones, como una jaula que persigue un pájaro. Sin embargo, la soledad es aterradora. Hay experiencias sobre las que la mayoría de las personas no se atreven a hablar porque no caben en la realidad cotidiana y se sustrae una explicación racional. No nos estamos refiriendo a acontecimientos especiales del mundo exterior, sino a procesos de nuestro interior que en general se menosprecian como meras ilusiones y se desplazan de la memoria. (Albert Hofmann).  Sólo hombres como Vela Zanetti, conscientes de que no existe una sola realidad, sino muchas y que cada una de ellas encierra una conciencia diferente del yo, son capaces de regenerarse continuamente, porque, como afirmaría Bob Dylan, quien no se ocupa de nacer se está ocupando de morir. Y un artista es un hombre que se está haciendo cada día.

          Color y trazos vigorosos se conjugan en su obra, dotada con una fuerza que emana de sus entrañas, embriagadas por los acontecimientos históricos que definieron su vida, así como el ambiente en el que se desenvolvió la misma. Sus personajes son radiografías de la resistencia humana contra el hambre, la soledad, el trabajo, la miseria, el dolor, la lucha por la supervivencia. En todos ellos, al igual que en sus autorretratos, el cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce, el pensamiento son la riendas y los sentimientos los caballos, que diría Platón. La pretensión del burgalés es llegar más allá del gesto, de la escena de esos pueblos de castilla, del tenebrismo de la mina, del desgarro y la sutura, para adentrarse, a través la mirada,  en lo temporal y lo eterno,  lo finito y lo infinito. Curiosamente, vivimos en una sociedad donde, a pesar de tantos medios a nuestro alcance y de estar pendientes de la comunicación a todos los niveles, somos incapaces de leer en los ojos de un ser humano. Esta deshumanización provoca una gran insatisfacción en nuestras vidas, amuebladas hacia el exterior.

          “Si comprendemos nuestras dudas, nuestros sufrimientos, nuestra vida, desde el trasfondo de nuestro espíritu, con todas las células de nuestro cuerpo, eso es el despertar”                                                   Taisen Destrimaru

 Esta es la pretensión de Vela Zaneti, una invitación a despertar nuestras emociones contemplando las ajenas, porque así como las obras son el espejo del artista, las emociones que nos provocan  son reflejo de las nuestras. En este caso, el creador bebe en la historia y la literatura, en las costumbres y tradiciones de los pueblos, en sus paisajes y sus hombres, en su lucha y su miseria, en su fe y su desesperación, en las cruces que pueblan su alma, en las negaciones y los verbos, entre el yugo y el deseo de libertad, en el filo de navaja por donde discurren sus días. Y lo traduce en grabados, dibujos, acuarelas, óleos, técnicas míxtas. Obras de pequeño y gran formato, caracterizadas por la sencillez,  la austeridad,   a religiosidad, obras en las que el artista se desnuda en sus personajes para ser comprendido, obras que revelan su esencia. La creatividad consiste en atrapar el universo y hacerlo fluir a través de tus ojos, concluiría Peter Kostembaum.

           Las raíces de Vela Zanetti están más allá de cualquier lugar de los que habitó, están en el alma de todo ser humano, capaz de conmoverse con el tiempo que le ha tocado vivir, porque el secreto de la genialidad está en conservar el espíritu del niño hasta la vejez, no dejar nunca de inventarse y ser consciente de que toda libertad lleva consigo cierta libertad para escuchar a los demás y para saber mirar dentro de su corazón.   Vela Zanetti, un pintor cuya obra echa raíces en nuestra retina, que ata sin cuerdas ni nudos, que sabe transmitir perforando nuestra esencia, un artista cuya obra es fiel reflejo y consecuencia de su actitud ante la vida, en la que prima el deseo por comprenderla y aceptarla, un hombre hecho de hombres y de historias.

       “Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar con la libertad, con la justicia, con la igualdad y ojala no tuviera necesidad de soñarla.”      M. Luther King.

FACE OF TIME

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 “FACE OF TIME”

Cristina Fernández

      “Como conejos se reproducen los nuevos tecnócratas del medio ambiente. Es la tasa de natalidad más alta del mundo: los expertos generan expertos y más expertos que se ocupan de envolver el tema en el papel celofán de la ambigüedad. Ellos fabrican el brumoso lenguaje de las exhortaciones “al sacrificio de todos” en las declaraciones de los gobiernos y en los solemnes acuerdos internacionales que nadie cumple. Estas cataratas de palabras, inundación que amenaza convertirse en una catástrofe ecológica comparable al agujero de ozono, no se  desencadenan gratuitamente. El lenguaje oficial ahoga la realidad para otorgar impunidad a la sociedad de consumo, a quienes la imponen por modelo en nombre del desarrollo y a las grandes empresas que le sacan el jugo.”

                                                                        Eduardo Galeano

     Se dice que el tiempo es como un río, que fluye ante tus ojos sin que lo puedas capturar y se vuelve sigiloso cuando se le interroga por las huellas que ha dejado en su tránsito. Es el artista quien, a través de su creatividad, nos transfigura ese paso de la Naturaleza, de la vida o la humanidad por sus escalones.  Y así lo hace Cristina Fernández en su exposición fotográfica “Face of time”, que se puede disfrutar desde el 8 de Septiembre al 4 de Octubre en la galería de Arte Ángel Cantero de León.

     Decía Gandhi que la tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no su codicia. Si miras detenidamente la Naturaleza, como lo hace nuestra fotógrafa, comprenderás que no hay recompensas ni castigos, sólo consecuencias y que es nuestra capacidad para emocionarnos frente a las cosas simples lo que nos hace humanos.

     La exquisita sensibilidad de esta artista, así como su conciencia social, convierten a la exposición en un punto de reflexión sobre la acción depredadora del ser humano, vinculada a la ambición y la codicia. Las agresiones ocasionadas por el hombre son redimidas por la Naturaleza que, sabiamente, nos muestra la mutabilidad del paisaje, dejando patente la huella de su memoria en la orografía del mismo. Mientras el ser humano, ambiciona colonizar y en su afán de dominar y rentabilizar, explota, destruye y abandona, la Naturaleza, como una diosa protectora, regenera.

     “El tiempo es la imagen de la eternidad en movimiento”    Platón.

     El tiempo, la divisa de nuestra vida, aúna, en “Face of time”, cielo y tierra como la simbiosis del consciente y el inconsciente, de lo material y el espíritu y muestra, impasible, como sus discípulos, morimos aprendiendo, los mismos que fuimos civilizados para entendernos entre nosotros  y ahora, por nuestro bien, debemos aprender a relacionarse con la Naturaleza y los animales.

     Si consideramos que el tiempo es el más valioso y precario de nuestros recursos y, como diría Pitágoras, el alma de este mundo, uno se pregunta a qué se debe ese afán del hombre por la productividad sin dejar opción a los sueños y en detrimento de la calidad de vida. Cristina Fernández  nos desvela los pequeños vestigios que nos hacen reflexionar sobre nuestro impacto en la Naturaleza, la misma que nos proporciona la paz y el silencio necesarios para nuestro bienestar emocional. El que nos encontremos tan a gusto en plena Naturaleza, afirmaba Nietzsche, proviene de que ésta no tiene opinión sobre nosotros.

      Hay dos formas de entender la vida: como un peso o como un milagro. Cada hombre elige una opción y ésta determina su actitud frente a la misma. Nuestra artista nos muestra ese milagro representado en forma de diosa  telúrica, pero nos recuerda, con sutileza, a través de pequeños detalles, las palabras de E.B. White: “Me sentiría más optimista sobre un futuro brillante para el hombre si pasara menos tiempo en demostrar que puede ser más listo que la Naturaleza y más tiempo saboreando su dulzura y respeto”.  Y es que no somos conscientes de nuestra fragilidad y nuestro delito. Medio siglo sin el hombre y la Tierra sería un hermoso lugar, nada parecido a lo que es ahora.

     “Todo pasa y todo vuelve, eternamente gira la rueda del ser. Todo muere, todo florece eternamente se desarrolla el año del ser. Todo se rompe, se reajusta, eternamente se edifica la morada del ser”.   Nietzsche

      Así es nuestra vida, la de la Naturaleza y el alma del artista, que necesita desaprender para aprender, reinvertarse cada día para seguir creciendo. El arte es la esencia de la vida. Nuestras palabras y nuestros actos están llenos de arte. La sustancia del arte es la plena conciencia. Cristina Fernández nos ofrece una obra en la que no sólo evidencia un gran dominio técnico y estético, sino, una filosofía de vida y es que, para crecer fuerte, primero se debe hundir las raíces en la nada, aprender a enfrentar la soledad más solitaria…debes estar dispuesto a quemarte en tu propia llama.

      Triste época la nuestra, decía Einstein, donde es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. Y más triste y preocupante nuestro presente, donde estamos pensando en llegar a otro planeta para explotarlo y masacrarlo al igual que hemos hecho con el nuestro. No somos conscientes de que la tierra no nos pertenece y que estamos hipotecando el futuro de nuestros hijos.

     “Face of time”, un abrazo entre cielo y tierra, macerado por el alma de una artista comprometida con su tiempo, Cristina Fernández, que no duda en poner de manifiesto, a través de su obra, nuestras contradicciones, las mismas que contribuyen a nuestra evolución y sin las cuales no habría mañana.

“El Cielo da, la Tierra recibe y hace crecer, el Hombre realiza. Sólo el hombre que está totalmente en armonía consigo mismo, que es totalmente sincero, puede ir hasta el límite de su Naturaleza…”                                         Francois Cheng