FACE OF TIME

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 “FACE OF TIME”

Cristina Fernández

      “Como conejos se reproducen los nuevos tecnócratas del medio ambiente. Es la tasa de natalidad más alta del mundo: los expertos generan expertos y más expertos que se ocupan de envolver el tema en el papel celofán de la ambigüedad. Ellos fabrican el brumoso lenguaje de las exhortaciones “al sacrificio de todos” en las declaraciones de los gobiernos y en los solemnes acuerdos internacionales que nadie cumple. Estas cataratas de palabras, inundación que amenaza convertirse en una catástrofe ecológica comparable al agujero de ozono, no se  desencadenan gratuitamente. El lenguaje oficial ahoga la realidad para otorgar impunidad a la sociedad de consumo, a quienes la imponen por modelo en nombre del desarrollo y a las grandes empresas que le sacan el jugo.”

                                                                        Eduardo Galeano

     Se dice que el tiempo es como un río, que fluye ante tus ojos sin que lo puedas capturar y se vuelve sigiloso cuando se le interroga por las huellas que ha dejado en su tránsito. Es el artista quien, a través de su creatividad, nos transfigura ese paso de la Naturaleza, de la vida o la humanidad por sus escalones.  Y así lo hace Cristina Fernández en su exposición fotográfica “Face of time”, que se puede disfrutar desde el 8 de Septiembre al 4 de Octubre en la galería de Arte Ángel Cantero de León.

     Decía Gandhi que la tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no su codicia. Si miras detenidamente la Naturaleza, como lo hace nuestra fotógrafa, comprenderás que no hay recompensas ni castigos, sólo consecuencias y que es nuestra capacidad para emocionarnos frente a las cosas simples lo que nos hace humanos.

     La exquisita sensibilidad de esta artista, así como su conciencia social, convierten a la exposición en un punto de reflexión sobre la acción depredadora del ser humano, vinculada a la ambición y la codicia. Las agresiones ocasionadas por el hombre son redimidas por la Naturaleza que, sabiamente, nos muestra la mutabilidad del paisaje, dejando patente la huella de su memoria en la orografía del mismo. Mientras el ser humano, ambiciona colonizar y en su afán de dominar y rentabilizar, explota, destruye y abandona, la Naturaleza, como una diosa protectora, regenera.

     “El tiempo es la imagen de la eternidad en movimiento”    Platón.

     El tiempo, la divisa de nuestra vida, aúna, en “Face of time”, cielo y tierra como la simbiosis del consciente y el inconsciente, de lo material y el espíritu y muestra, impasible, como sus discípulos, morimos aprendiendo, los mismos que fuimos civilizados para entendernos entre nosotros  y ahora, por nuestro bien, debemos aprender a relacionarse con la Naturaleza y los animales.

     Si consideramos que el tiempo es el más valioso y precario de nuestros recursos y, como diría Pitágoras, el alma de este mundo, uno se pregunta a qué se debe ese afán del hombre por la productividad sin dejar opción a los sueños y en detrimento de la calidad de vida. Cristina Fernández  nos desvela los pequeños vestigios que nos hacen reflexionar sobre nuestro impacto en la Naturaleza, la misma que nos proporciona la paz y el silencio necesarios para nuestro bienestar emocional. El que nos encontremos tan a gusto en plena Naturaleza, afirmaba Nietzsche, proviene de que ésta no tiene opinión sobre nosotros.

      Hay dos formas de entender la vida: como un peso o como un milagro. Cada hombre elige una opción y ésta determina su actitud frente a la misma. Nuestra artista nos muestra ese milagro representado en forma de diosa  telúrica, pero nos recuerda, con sutileza, a través de pequeños detalles, las palabras de E.B. White: “Me sentiría más optimista sobre un futuro brillante para el hombre si pasara menos tiempo en demostrar que puede ser más listo que la Naturaleza y más tiempo saboreando su dulzura y respeto”.  Y es que no somos conscientes de nuestra fragilidad y nuestro delito. Medio siglo sin el hombre y la Tierra sería un hermoso lugar, nada parecido a lo que es ahora.

     “Todo pasa y todo vuelve, eternamente gira la rueda del ser. Todo muere, todo florece eternamente se desarrolla el año del ser. Todo se rompe, se reajusta, eternamente se edifica la morada del ser”.   Nietzsche

      Así es nuestra vida, la de la Naturaleza y el alma del artista, que necesita desaprender para aprender, reinvertarse cada día para seguir creciendo. El arte es la esencia de la vida. Nuestras palabras y nuestros actos están llenos de arte. La sustancia del arte es la plena conciencia. Cristina Fernández nos ofrece una obra en la que no sólo evidencia un gran dominio técnico y estético, sino, una filosofía de vida y es que, para crecer fuerte, primero se debe hundir las raíces en la nada, aprender a enfrentar la soledad más solitaria…debes estar dispuesto a quemarte en tu propia llama.

      Triste época la nuestra, decía Einstein, donde es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. Y más triste y preocupante nuestro presente, donde estamos pensando en llegar a otro planeta para explotarlo y masacrarlo al igual que hemos hecho con el nuestro. No somos conscientes de que la tierra no nos pertenece y que estamos hipotecando el futuro de nuestros hijos.

     “Face of time”, un abrazo entre cielo y tierra, macerado por el alma de una artista comprometida con su tiempo, Cristina Fernández, que no duda en poner de manifiesto, a través de su obra, nuestras contradicciones, las mismas que contribuyen a nuestra evolución y sin las cuales no habría mañana.

“El Cielo da, la Tierra recibe y hace crecer, el Hombre realiza. Sólo el hombre que está totalmente en armonía consigo mismo, que es totalmente sincero, puede ir hasta el límite de su Naturaleza…”                                         Francois Cheng

AMAECIDOS POR EL AGUA

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AMAECIDOS POR EL AGUA

     “El milagro del ser humano es que sobre un instinto muy simple, el deseo, se construyen edificios de lo más complejos a los más delicados sentimientos”                                               André Maurois.

      Para vivir una vida libre y completa tenemos que perder el miedo a equivocarnos. La persona que se permite cometer errores, se la llama creativa. A la que sabe con qué errores quedarse, artista, decía Scott Adans. Creemos que la razón es lo esencial del individuo, pero existen deseos más profundos que ella. El deseo de perpetuarse, de dejar constancia y huella de lo efímero es lo que provoca la creación estética. El pensamiento es el gran enemigo de la imaginación. El hombre inteligente, consciente de su capacidad y dotado de un buen dominio técnico, necesita abortar ese estado del alma para alumbrar su individualidad, coartada por la estandarización demoledora que ejercen los gobiernos a favor del bien común. El trabajo del artista consiste en profundizar continuamente en la vida, consciente de que todo lo que ha dicho no es suficiente. En muchas ocasiones, para alcanzar la verdad, la esencia, es imprescindible despojarse de las opiniones recibidas y de todo lo aprendido. “Si buscas resultados distintos, no hagas la misma cosa”.    Einstein.

      Cuando se busca el éxito, se mata la creatividad, porque el premio supremo al trabajo no consiste en lo que por él obtienes, sino en lo que por él eres, opinaba John Ruskin. Es difícil  asumir esta máxima por una sociedad materialista, acostumbrada a acuñar, durante décadas, la frase  de “tanto tienes, tanto vales”. La crisis actual nos ha llevado a  cuestionar el sentido que le hemos dado a nuestra vida y a ser conscientes de que buscamos más la perfección de las cosas y del entorno que de nuestra persona.

       Nadie podrá decir que un nido calentito y dichoso hará de sí grandes personas. La inadaptación a lo imperfecto es lo que mejora al hombre, aseveraba Antonio Gala. Si es cierto que la belleza no es gratuita y que a la perfección se llega tras muchas equivocaciones, debemos seguir aprendiendo a no relegarnos en ese estado del bienestar y ser conscientes de que nuestra salud mental dependerá de nuestra capacidad para asumir  el pasado, no sufrir por el futuro y ser capaces de vivir el ahora sin que las circunstancias nos superen.

          Decía Einstein que el arte es la expresión de los más profundos pensamientos por el camino más sencillo. La creatividad consiste en atrapar la realidad y pasarla por el tamiz de nuestros ojos, porque todo arte no es más que el reflejo de un pensamiento, el espejo del artista. Y así lo pone de manifiesto la exposición AMECIDOS POR EL AGUA, que hasta el 16 de Septiembre del presente año, 2016, se puede disfrutar en el Palacio D. Gutierre de León. “El cuerpo se desliza como el agua de la corriente, siempre renovada, siempre fresca, sin vínculos, sin huellas, sigue realmente el orden cósmico, tan cambiante como el universo de la vida.”

      Una regla cósmica universal es el cambio. El ahora incluye un universo cambiante. La vida es movimiento y reposo. Y la creatividad no existe sin la curiosidad, ese deseo de nuestra mente que nos mueve permanentemente en la búsqueda ante la contemplación de lo que hicimos para crecer con lo que hacemos.

   AMECIDOS POR EL AGUA  es una exposición colectiva que aúna escultura y pintura, poesía, fotografía e instalaciones  y en la que grandes creadores, como Amancio González, Amando Casado, Castorina, Begoña Pérez, Miguel Escanciano, Esteban Tranche, Jesús Palmero, José Ramón Vega, Juan Carlos Mestre, Fernando Vázquez Mourelo, Juan Carlos Pajares, dejan discurrir su caudal creativo ante nuestros ojos, apagados por la productividad y la rutina, con el fin de despertar las emociones y recobrar la fantasía. Fluir con ellos, disfrutando de sus obras, contribuirá a regenerar nuestro interior. Somos agua.

 “Al principio son pequeños, luego fuertes y profundos y cuando han comenzado no tienen vuelta atrás. Así sucede con los ríos, los años y las amistades.”

EL JARDÍN ANIMADO

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LUIS MORO

EL JARDÍN ANIMADO

     “No podemos poseer el poder y la magia de este mundo, están siempre a nuestra disposición, pero no pertenecen a nadie”        Chogyam Trumgpa

      A lo largo de la vida, el hombre busca su realización personal, comprender y comprenderse.  Rara vez acepta sus limitaciones porque asume como fracasos los errores y no como aprendizaje y difícilmente admite que todas las cosas tienen carácter propio y que son iguales en cuanto a su verdad. Y es que sólo el mundo se presenta transparente para el hombre que se muestra como es, porque la luz debe venir de dentro y quien contempla la Naturaleza solo encuentra aquello que antes ha puesto en ella, ya sea amor, fe, dolor, esperanza o rechazo. Y entre los hombres transparentes, son los artistas los que, a través de la obra de arte, ponen de manifiesto esa comunión. Luis Moro, hombre transparente y pintor de transparencias, nos evidencia, a través de su exposición, EL JARDÍN ANIMADO, los secretos de ese mundo sensual, efímero y multicolor, un mundo sin fronteras, libre y fuerte, en el que nos erigimos como reyes, siendo tan sólo esclavos de nuestras leyes. Produce una inmensa tristeza pensar que la Naturaleza habla mientras el género humano no escucha, decía Víctor Hugo.

       Cada día el ser humano sigue con su rutina, olvidándose de existir. La mayoría sobrevive, sin darle un valor a su vida, sin comprender que el ahora es esencial y que incluye un universo cambiante. La vida es más ligera que una mariposa y la muerte más pesada que la cordillera andina. Y así, llevado por la magia liviana del vuelo y la quietud, la belleza sublimada de aquello que pasa desapercibido, Luis Moro nos destapa, con una estética muy cuidada, ese mundo tan cercano y tan ajeno, en el que la vida se abre camino, porque el artista es aquel que en su obra refleja su actitud frente a la vida, a la que contempla con actitud estética, inducida por el deseo de comprenderla y descubrir sus secretos. El pintor se funde en cada cuadro y sus ojos, escrutadores de  universos invisibles, van gestando, en cada parto, toda su belleza, con la fuerza que sólo un amante de la Naturaleza puede imprimir en cada obra, porque, como diría Rodin, el arte es el placer de un espíritu que penetra en la naturaleza y descubre que también ésta tiene alma.

       Si es cierto que la Naturaleza no hace nada en vano y que en ella nada es superfluo, no es menos cierto que ha puesto en nuestras mentes el deseo de conocer la verdad, descubrir sus misterios e interpretarlos. Y así, el artista, movido por ese motor que le empuja en su propia creación, desarrolla lo que la Naturaleza no puede hacer, si bien, para hacerlo, se sirve de ella. Luis Moro, testimonio de que el arte es el hombre añadido a la Naturaleza, como diría Van Gogh, sabe que tanto el arte, como la gloria son efímeros y que sólo la naturaleza permanece. Consciente de que,  cuando el hombre la toma como guía, descubre su verdad, ha decidido desmantelar los límites que los humanos, en favor del progreso, ponemos a nuestras vidas, en contrapunto con la belleza, fuerza y simplicidad de los pequeños seres, dueños del planeta. Y lo hace, como buen conocedor de su oficio, con un dominio extraordinario de la técnica y del color, sirviéndose de papel, lienzo o tabla, utilizando acuarela, óleo, acrílicos, collages sobre dibujos, serigrafías e infografías, contemplando y reflejando, con sus transparencias y sus trazos vigorosos, la fuerza y el poder de los débiles, el engranaje, vestido de gala, del mundo animal. Sobre un fondo en blanco, que nos recuerda al laboratorio aséptico, nos desvela los secretos de ese mundo que nos asalta bajo la lente, un mundo apenas perceptible donde late la vida con toda su expresión.

     La regla fundamental de la Naturaleza es el cambio, la mutación. Vivimos para cambiar y cambiamos para vivir. Nuestro cuerpo va cambiando, al igual que nuestra mente, siempre renovada, dispuesta a aprender. Morimos cuando perdemos la curiosidad. Y vivimos cuando, ligeros de equipaje, seguimos el orden cósmico, tan cambiante como la vida, porque el instinto presente crea la cadena de las interdependencias. Este punto incluye al conjunto de los fenómenos cambiantes, las existencias impermanentes, todo el cosmos. Y es el cambio, la experimentación lo que dice del artista, lo que evita su muerte como tal. Luis Moro, un pintor que aúna experiencia e innovación, investigador infatigable de materiales y técnicas, un hombre que deja su huella junto a su pensamiento en cada obra, nos abre la puerta del mundo de las emociones, postergado en  favor de la técnica. La Naturaleza es un libro que nunca envejece, si se sabe analizar, sentir e interpretar, sólo cuando la contemplamos de forma rutinaria y bajo ciertos parámetros nos limitamos y cuando la abandonamos, caemos en la frialdad y la deshumanización del arte.

     Decía Homero que entre todas las criaturas que se arrastran y respiran sobre la tierra no hay ninguna más desdichada que el hombre. Y llevar una vida coherente, como diría Goethe, es más sencillo de lo que se puede pensar. Se trata de sumar en lugar de restar y de unir en lugar de separar. Pero es nuestro orden jerárquico de valores el que labra nuestro cielo o nuestro infierno.

    “Cuando sentimos miedo de nosotros mismos y el mundo nos parece amenazador, nos volvemos extremadamente egoístas. Entonces intentamos construir nuestro pequeño nido, nuestro propio capullo para vivir solos y seguros.

                                      Chogyan Trungpa

       Luis Moro es un hombre que mira de frente a la vida, que sabe que la mayor pérdida no es la muerte, sino lo que muere en nosotros cuando estamos con vida, consciente de que todo resignación es un suicidio, un pintor que se mide y reconoce ante el abismo, que lo sondea y baja a él, como diría Pavesse, un artista que busca la verdad más allá de sí mismo, consciente de que el pensamiento es un pájaro del espacio que en una jaula de palabras, puede abrir las alas, pero no puede volar.  ( khaht Gibran)

    Y de tal manera, consciente de que hay instintos más poderosos que la razón, instintos sublimes y profundos sobre los que se asienta la esperanza, privada de toda sensatez, instintos como el deseo, que se erige en el motor del creador para transformar emociones en obras de arte, Luis Moro, poeta del color y la sensualidad, nos presenta esta exposición, EL JARDÍN ANIMADO, alegoría de la vida, en la sala de exposiciones Ángel Cantero de León, hasta finales de Junio, porque  el atributo humano más significativo es la capacidad para hacernos a nosotros mismos, no como esclavos de un destino, sino como forjadores del mismo. Nuestra capacidad de adaptación nace, se hace y se aprende. Y con ella, nos recuerda que el hombre será más elevado, humano y sensible cuanto más capaz sea de enriquecerse esforzándose en sentir, comprender y aportar a la Naturaleza, al todo, al Absoluto, donde su vida, pequeña, limitada y localizada, pero importante,  funciona.